Lastres (Llastres, en asturiano) es una villa marinera de la costa oriental de Asturias, encaramada a un acantilado sobre el Cantábrico. Su historia, igual que sus calles empinadas y empedradas, está escrita de cara al mar.

Aunque no se conoce una fecha fundacional exacta, el pueblo creció al abrigo de su ensenada: allí la pesca ofrecía el sustento y el mar, la comunicación. El casco antiguo, con sus casonas de galerías de madera y sus fuertes cuestas, conserva todavía el trazado de aquel primer asentamiento de pescadores.
Ese origen humilde y marinero es la raíz de todo lo que vino después: el puerto, la caza de la ballena, las fiestas y la fama que llegaría siglos más tarde.
Los orígenes del asentamiento se remontan a época romana, aunque el primer testimonio escrito data del año 943. El pueblo tal como lo conocemos empezó a formarse en los siglos XIII y XIV, cuando familias de la vecina Luces bajaron a instalarse en la bahía para vivir del mar. De aquella época viene también una de las instituciones más antiguas y queridas del pueblo: la Cofradía de Mareantes, nacida en el siglo XIII como sociedad de socorro mutuo entre pescadores. La cofradía no solo repartía ayuda cuando una familia perdía a los suyos en el mar: coordinaba las obras comunales del pueblo, decididas en conceyu abiertu, y levantó capillas propias como la del Buen Suceso y la de San José. Su heredera, la Cofradía de Pescadores Santa María de Sábada, sigue activa hoy con su Patrón Mayor al frente.
Sobre el nombre hay dos teorías. La tradición popular cuenta que los marineros gritaban «¡Mirad, tres luces!», y de ahí vendrían Llastres y Luces. La explicación más probable, sin embargo, apunta a las «llastras», las grandes losas de piedra lisa sobre las que se asienta el pueblo.