A finales del siglo XIX y comienzos del XX, como en tantos pueblos de Asturias, muchos vecinos de Lastres emigraron a América en busca de fortuna. Los que regresaron enriquecidos —los indianos— dejaron su huella en el pueblo.

Su legado se aprecia en la arquitectura señorial que se mezcla con las casas marineras: la Casona de la familia Victorero o el Palacio de los Vallados, hoy convertido en hotel, son buenos ejemplos de aquel esplendor. Los indianos solían financiar además escuelas, templos y obras públicas en sus lugares de origen.
Así, sobre el viejo caserío de pescadores se superpuso una capa de prosperidad llegada de ultramar que todavía puede rastrearse paseando por el casco antiguo.
Pocas familias explican mejor la historia de Lastres que los Victorero. Ya en 1580, Juan Victorero «el Viejo» levantó el palacio de Luces al emanciparse de una familia que poseía en Lastres el solar de los Vallados. Generaciones después, convertidos en navieros y comerciantes enriquecidos —la tradición los vincula al comercio con México—, los Victorero Colunga construyeron hacia 1724 el Palacio de los Vallados, la gran casona barroca del barrio de La Fontana: balconada de hierro forjado, escudo nobiliario en la fachada y todo el repertorio del barroco popular asturiano. Tras décadas de abandono, fue rehabilitado a finales de los años 80 y hoy es hotel.
En la Calle Real, la Casona de los Victorero recuerda a la rama de la familia que hizo fortuna al otro lado del Atlántico. Como en tantas casas de indianos, no falta el símbolo que los delataba a la vuelta: la palmera plantada en el jardín, presumiendo de los años pasados en América.